¿Y si cuentan lo que saben? ¿Cuánto saben las esposas de Báez, López o De Vido de las supuestas actividades ilícitas de sus maridos o ex parejas? Amores, resentimientos y amenazas.
La mujer de José López no sabía nada. La mujer de De Vido no sabía nada. La mujer de Lázaro Báez no sabía nada. La mujer de Néstor K no sabía nada. Y la tuya y la mía se enteran de todo.” Escrito con tiza blanca, sobre una pizarra negra, el cartel forma parte del ingenio popular para llamar la atención de los clientes en una época de vacas flacas. Está ubicado en la puerta de un lavadero de autos en Flores. Antes de que “Lope$ito” fuese pescado infraganti revoleando bolsos con nueve millones de dólares sobre el paredón de un convento en General Rodríguez, la pizarra exhibía el precio del café y de las gaseosas que se venden en el modesto apartado con sillas y mesas destartaladas que utilizan los clientes mientras esperan que les devuelvan su vehículo.
El mensaje refleja el sentir de buena parte de los argentinos acribillados mediáticamente por imágenes obscenas de corrupción y de un mayoritario porcentaje de jueces federales que desempolvaron causas después del recambio presidencial.
Báez, el clan
Norma Calismonte es la mujer de Lázaro Báez, aunque vivían en casas separadas desde hace dos años. De bajísimo perfil, la ex preceptora jubilada habría dejado trascender que si Martín, su hijo (también procesado en la causa), terminaba tras las rejas, ella contaría todo, aunque antes había asegurado no saber nada de ninguna maniobra extraña o ilegal en la que estuviera involucrado su marido.
Un informe de inteligencia de Suiza acreditó que todos los hijos de Báez tenían cuentas en aquel país por las que circularon más de 20 millones de dólares.
Martín, con alta participación accionaria en las firmas Kank & Costilla y Loscalzo y Del Curto, Escalatur, Alucom, Hyu Kar; cumplió cargos directivos en Epsur, Misahar y Fiduciaria Northville. Es el único de los hermanos Báez doblemente procesado aunque sin prisión.
Leandro es titular de Austral Agro. A través de esa sociedad se adquirieron 42 estancias a nombre de la familia Báez y de empresas vinculadas con Austral Construcciones, alma mater del imperio. También es director de esta última y está imputado por presunto lavado de dinero.
Melina es la única que no tiene sociedad a su nombre. Solo figura como empleada de la firma en Austral Construcciones.
Luciana es la mayor. Quedó a cargo de la constructora cuando su papá fue detenido y tiene firma autorizada para hacer y deshacer en la sociedad.
Santiago Viola, abogado de Leandro Báez, le confirmó a Veintitrés que Calismonte llamó personalmente a la ex presidenta Cristina Fernández para advertirle que “el límite son mis hijos: si les pasa algo a los míos o van presos, cuento todo”.
Al parecer, la silenciosa mujer de Lázaro conoce los manejos poco claros a través de los cuales Austral Construcciones se alzó con el 75% de la obra pública provincial y la manera en que Romina Mercado, hija de la gobernadora Alicia Kirchner, se habría encargado de controlar parte de los fondos que tenían como destino final los bolsillos de la ex familia presidencial.
Calismonte no es ajena a las sociedades comerciales de su esposo. Tuvo el 50% de la participación accionaria en Escalatur, la agencia de turismo familiar. La empresa fue fundada en 2005. En el Boletín Oficial figura que sus dueños originales eran el matrimonio formado por Jorge Álvarez y María Josefina Gómez. Pero el 8 de marzo de 2007 cedieron las 200 acciones a Andrea Cantín y Norma Calismonte.
Como se puede observar, las mujeres siempre están. Cantín fue empleada de la constructora Gotti SA –después absorbida por Báez– hasta 2004; en 2007 integró la nómina de trabajadores de Austral Construcciones. Roto el matrimonio con Álvarez, Andrea Cantín formó pareja con Fernando Butti, uno de los contadores de Báez. De hecho, Butti fue socio de Leandro y Lázaro Báez en Austral Agro.
También eran directivos de Alucom Austral SRL. Pero en 2014 Báez rompió su relación personal con el contador, por supuestos manejos desleales, razón por la cual declinaron sus acciones a favor de Martín y Lázaro Báez.
Ese mismo año Cantín fue apartada de Escalatur. Pero la mujer de Báez, que ya vivía distanciada de su marido, discutió por la separación societaria de su amiga. Conclusión, el 100% de las 200 acciones de la empresa de turismo terminó en manos de Martín Báez.
Desbancado
El caso de las mujeres del empresario Cristóbal López supera al de Báez. La cabeza visible del Grupo Indalo tiene dos mujeres que, desde sus expresiones volcadas a los medios, aseguraron desconocer cualquier actividad que roce la ilegalidad.
La primera de esas mujeres es Muriel Sosa. Con ella estuvo casado casi treinta años, hasta que el amorío con la modelo Ingrid Grudke terminó de destruir a la pareja. Con Sosa, López mantiene una millonaria disputa por los bienes, que se acercaría a los 10 mil millones de pesos.
Sosa es la madre de los dos hijos de López: Cristóbal Nazareno y Emiliano, ambos pilotos del TC Pista. Sobrina del ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, comenzó a noviar con el ahora multimillonario hombre de negocios cuando ambos cursaban el secundario.
Muriel acompañó a Cristóbal López en su primer gran negocio en su ciudad natal, la recolección de basura a través de su empresa Clear SRL. Fue ella misma quien le contó al portal OPI Santa Cruz la manera en que consiguió la concesión.
Fue en 1991 cuando desbancó a la empresa Malvinas. Lo hizo aplicando una medida de fuerza inédita hasta ese momento: estacionó 50 camiones Scania en la puerta de la municipalidad. Eso, y la chapa que tenía su mujer, le abrieron a Cristóbal López las puertas a los grandes negocios.
Muriel Sosa no sólo fue la compañera de vida, también ella y sus hijos –como el caso de los Báez– han integrado las sociedades fundadas por López. Cristóbal Nazareno, de 31 años, integró tres empresas. El 4 de enero de 2008 ingresó a Lejano Sur SRL, una empresa dedicada a la fabricación y venta de indumentaria deportiva. Junto a su madre se repartieron las acciones de Naem SRL, una firma de compraventa y alquiler de equipos, accesorios e indumentaria deportiva relacionada con todos los deportes, actividades aeróbicas y disciplinas afines. Esa firma era una de las auspiciantes de “Argentina Corre”, que motorizaba a través de C5N y Radio 10.
También junto a su madre, y el propio Cristóbal, conformaban el trío accionario de More SRL, el nombre bajo el cual aun hoy Muriel explota una cadena de gimnasios y centros de estética y belleza.
A pesar de estar separada de él hace tres años, sigue compartiendo sociedades y dice que lo defenderá siempre porque es el mejor hombre que pudo haber conocido.
Ingrid Grudke, en cambio, la bella modelo 20 años menor que López, no se cansa de repetir en las revistas del corazón que ella desconocía quién era el hombre maduro que la galanteaba, a quien conoció en uno de los desfiles de Argentina Corre.
El hombre de la bolsa
La mujer del otro López, en este caso José Francisco, el ex secretario de Obras Públicas de los tres gobiernos kirchneristas, que actuaba bajo la órbita del ministro de Planificación Julio De Vido, se llama María Amalia Díaz. Está casada con el ex funcionario desde hace 25 años y, como Muriel Sosa y Norma Calismonte, conoce todos los secretos que puede guardar el hombre que apareció a las cuatro de la madrugada en un monasterio con tres bolsos y una valija con nueve millones de dólares humedecidos porque, según sospecha el fiscal Federico Delgado, estaban escondidos en la baulera de su departamento de Recoleta en el que vivía junto a su familia.