"Cristina sabe que (su pedido de auditoría) abre una caja de Pandora que pone en riesgo a "la Patria contratista" y deja al descubierto la cartelización que han conformado las empresas constructoras
Cristina ha vuelto hablar. Eligió para hacerlo un programa que claramente simpatiza con ella y que le garantiza los límites exactos que le aseguraran no caer en situaciones embarazosas.
Desde hace meses se ventilan en los tribunales y en distintos medios de comunicación, una serie de denuncias que la involucran con empresarios cercanos a ella y con funcionarios del gobierno que encabezó durante los últimos ocho años. Sobre ello, hasta ahora, Cristina muy poco había dicho. Solo algunos mensajes sesgados en redes sociales que creyó suficientes como para aclarar tanta confusión.
Ahora, Cristina apareció cuidando cada una de sus palabras. Insistió, una vez más, con la existencia de una campaña en donde se conjugan periodistas, fiscales y jueces para sumergirla en un mar de difamaciones.
Después, avanzó con su análisis sobre el presente. Allí se la sintió más segura. Su capacidad discursiva sigue intacta. Criticó con firmeza la gestión del gobierno y fue en ese momento cuando se mostró sólida. Explicó, desde su óptica, todo el deterioro que la economía y el equilibrio social experimentó en los primeros siete meses de administración macrista.
Fuera de ello, Cristina volvió a hablar solo para repetir su discurso. Otra vez, recurrió a su eterna lógica de la confabulación universal que la atosiga. No muestra interés en revisar su retórica que acabó construyendo el maldito relato que hizo que el mundo se divida entre buenos (los que la siguen) y malos (los que la critican).
Con todo, abrió algunas puertas como para proponer encarar desde otra perspectiva parte de las acusaciones que pesan sobre ella.
En primer término, dijo haber alquilado inmuebles a Báez y no cuartos de hoteles, lo que explicaría por qué percibió los montos de dinero que se le cuestionan. Agregó también que la inversión de obra pública realizada durante todo su mandato no guarda relación con las sumas que se le atribuyen haber recibido ilegalmente. Dos coartadas hábilmente inyectadas en el mundo mediático.
En segundo lugar, subió la apuesta que hizo en Facebook el día que escribió que no había sido ella quien le había dado a López el dinero que cargaba en el baúl de su auto. Ahora pidió que se haga una auditoría sobre toda la obra pública realizada en los últimos años. Cristina sabe que con ello abre una caja de Pandora que pone en riesgo a "la Patria contratista" y deja al descubierto la cartelización que han conformado las empresas constructoras (algunas muy cercanas al mismísmo Presidente Macri) que acaban siendo contratadas por el Estado.
Tal vez pueda encontrarse en esta aparición de Cristina algo valioso. Habló y dio la cara. Cambió los 140 caracteres de Twitter por explicaciones un poco más amplias. Abandonó el revuelto espacio de las redes sociales para ingresar en el mundo real y cambió la frialdad de la letra escrita por el calor propio de la palabra dicha.
¿Fue suficiente con ello? La respuesta es no. Sus propios seguidores aún esperan mejores explicaciones. A esta altura no alcanza con pretender ocupar el lugar del perseguido político, aún cuando muchas de las medidas lanzadas en su contra (incluido el singular procesamiento que padece por las decisiones sobre el dólar a futuro) suenan innecesarias y por momentos arbitrarias.
Es evidente que el relato ya no basta porque ha sido puesto en tela de juicio por un número importante de la sociedad argentina. Allí aparece, tal vez, lo más llamativo de Cristina: su incapacidad para asumir cuanto han cambiado las cosas desde el día en que dejó el poder.
Es esa incapacidad por asumir este tiempo en toda su dimensión, reside el principal error de Cristina. Esa necedad que no le deja ver que es hora de que explique minuciosamente donde está la falsedad de aquello que se le atribuye.
Cuando lo haga fidelizará a los suyos, traerá tranquilidad en la gente y podrá nadar y encontrar la orilla en el mar de difamaciones en donde dice que quieren hundirla.
El autor es abogado y ex jefe de Gabinete (2003-2008).