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    Hipocresía 2.0 y el "peligro" de un "outsider"

    Los oficialistas de ayer defendían aquello que hoy, como oposición, denuncian. Los oficialistas de hoy defienden aquello que ayer, como oposición, denostaban.

    La discusión sobre el impuesto a las Ganancias pone al descubierto las hipocresías que muchos políticos están dispuestos a mostrar y una gran mayoría de ciudadanos, a soportar.

    Hoy, legisladores, dirigentes y simpatizantes de la oposición se muestran implacables en el reclamo de su inmediata modificación como olvidadizos con su memoria.

    Lo mismo vale, pero al revés, para los oficialistas de hoy.


    Los funcionarios de la gestión anterior sostenían que el impuesto alcanzaba a sólo el 8 por ciento de los asalariados, mientras que las autoridades actuales dicen que ese por ciento bajó al 3, luego de las modificaciones dispuestas por Mauricio Macri a través del decreto 394 y publicadas en el Boletín Oficial del 23 de febrero de este año.

    Unos y otros ponen énfasis en que el reclamo es de "una minoría", de los "que más ganan". En otras palabras, de unos pocos privilegiados.

    Algunas preguntas:
    Si son tan pocos, ¿porqué es tan importante su aporte?
    Si son tan pocos: ¿Porqué la incidencia fiscal que tendrá la modificación del mínimo no imponible y las escalas provocará tantos problemas?

    ¿Se puede afirmar entonces que aquel 8 por ciento del que hablaba Kicillof o el 3 por ciento mencionado hoy, es uno de los pilares fundamentales de la economía argentina?

    Los defensores de la gestión anterior sostienen que la carga fiscal era más equitativa pues si bien los "trabajadores que más ganaban tributaban Ganancias, también lo hacían, a través de las retenciones, los núcleos duros del poder económico concentrado" que hoy: "se vieron beneficiados con la reducción o eliminación dispuesta por el gobierno nacional".

    Otra pregunta: ¿Si antes el gobierno nacional disponía de los fondos aportados por los tributos que hoy se sacaron: también era necesaria la aplicación del impuesto a las Ganancias a sueldos que estaban lejos de permitir lujos y placeres?

    En agosto del 2013 el gobierno nacional, a través del decreto 1242, dispuso que pagarían Ganancias todos los sueldos superiores a los 15.000 pesos brutos. Eso significó que quienes a esa fecha cobraban más de esa cifra, y con los sucesivos aumentos que se dieron por paritarias o por la realización de "horas extras" vieran que los descuentos por el impuesto eran cada vez mayores y hasta confiscatorios, mientras que aquellos que en el momento del decreto 1242 no alcanzaban los 15 mil pesos, pero que al igual que los otros vieron incrementados sus sueldos por los aumentos de las paritarias o por haber hecho horas extras, no pagaban ningún tipo de impuesto a las ganancias.

    En la práctica eso significó que hubo empleados privilegiados que por estar comprendidos en el decreto de excepción y al no pagar Ganancias, cobraban 20 o 30 mil pesos de bolsillo, mientras que quienes sí lo estaban, vieron estancados sus ingresos pues a pesar de figurar en sus recibos un monto muy alto, los descuentos eran cada vez mayores.

    Pocos, dentro del oficialismo de ayer, se quejaron por esa situación y muchos, que desde funciones de poder político escuchaban los reclamos,
    recriminaban a los quejosos por su "escasa solidaridad".

    Los oficialistas de ayer defendían aquello que hoy, como oposición, denuncian.

    Los oficialistas de hoy defienden aquello que ayer, como oposición, denostaban.

    Sería bueno que la dirigencia argentina se mirara en el espejo de los EEUU y analice las causas del triunfo de Trump, un "out sider" de la política que supo interpretar el reclamo, la situación y la bronca de millones de ciudadanos que se sintieron defraudados tanto por demócratas como por republicanos y se vieron relegados por los privilegios otorgados a los "más ricos" y perjudicados por los tratados de libre comercio con Méjico y China que produjeron el cierre de sus fuentes laborales. A ello debe agregarse la política de inclusión de los sectores inmigrantes que, en la consideración del habitante "tipo" de USA, iba en desmedro del "bienestar general".

    El voto a Trump debe entenderse no como el rechazo taxativo a Hillary Clinton o a los republicanos sino a las políticas de esos dos partidos que fueron entendidas como contrarias a los intereses de la gente, por lo menos de la mayoría, en los Estados que ganó y le permitió conseguir la cantidad de electores necesaria.

    Hoy en nuestro país existe una gran cantidad de personas que se sienten defraudadas por las políticas llevadas adelante por la dirigencia.
    Y esa mayoría está, tanto en quienes defendieron y defienden las gestiones kirchneristas como en muchos de quienes votaron a Cambiemos en el 2015.

    Entre los primeros la bronca deviene del enterarse o darse cuenta de que más allá de los logros existió tolerancia o vista gorda a quienes se aprovecharon del "modelo" y entre los segundos porque hoy se beneficia tanto o más que ayer a los sectores que eran tildados de "choriplaneros" "vagos" "parásitos" y "que cobran por no trabajar".

    ¿Qué sensación tiene hoy el laburante medio, el cuentapropista, el que "no le debo nada al Estado porque todo lo que tengo lo consigo con mi esfuerzo", al ver que las ventas caen, que la rentabilidad es cada vez menor y que le es casi imposible la reposición de mercaderías, al escuchar el anuncio del gobierno de "volcar 30 mil millones de pesos en los próximos tres años a los movimientos sociales"?.

    Pero: ¿No eran esos los "choriplaneros", "vagos", "parásitos" y los "que cobran por no trabajar"?

    Hoy, tanto los que se dieron cuenta de los errores del modelo como los que defendieron a ultranza la necesidad de un cambio, comprueban que en definitiva los beneficios son para los de "más arriba" y para los de "más abajo" y que, como ayer, están en el lugar más incómodo: en el medio. Un medio que cualquier dirigencia política dice reivindicar, pero que cuando llega el momento de la verdad verifica que todo fue para la foto, para la campaña, para las elecciones.

    Hoy, son pocos, muy pocos, quienes manifiestan públicamente ese malestar. Ya sea en una reunión familiar, de amigos, o a través de las redes sociales que tanto utilizaron en su momento.

    Y no lo hacen por una razón sencilla: no están dispuestos a reconocer que "el otro" "los otros" tenían razón por temor al "yo te dije" "yo te avisé" ¿viste?, pero eso no significa que su malestar, su bronca, su insatisfacción no se manifieste en las próximas elecciones.

    En los EE.UU Trump se dio cuenta y tomó nota. Y en función de ello diseñó y realizó su estrategia. Ganó.

    En la Argentina una situación parecida se dio en el post 2001 con el "que se vayan todos" y se verificó en las elecciones del 2003 con una de las participaciones electorales más bajas de la historia y la aparición de los "Clemente", "San Martín" y "fetas de mortadela" en las urnas.

    Después, en el 2009, apareció un outsider de cabotaje y Francisco de Narváez le ganó en la provincia de Bs. As a Néstor Kirchner por casi dos puntos de diferencia. El candidato de Unión Pro consiguió el 34,5 por ciento de los votos, mientras que el ex presidente logró 32,1%.


    El Chaco tuvo su "outsider" con Acción Chaqueña en la municipalidad de Resistencia primero y en la gobernación después.

    Misiones vivió esa experiencia en el 2006 con el obispo de la diócesis de Iguazú, Joaquín Piña, quien con el Frente Unidos por la Dignidad (FUD) venció a la lista oficialista del Frente Renovador de la Concordia Social que, con el apoyo directo y explícito del presidente Carlos Kirchner, promovía la reelección indefinida del gobernador Carlos Rovira.

    ¿El bipartidismo provincial y nacional, tomará consciencia del "peligro"?.

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