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    Energía: el populismo hipotecó nuestro futuro

    "Debemos salir de ese circulo vicioso"

    La visita del ministro Juan José Aranguren a la Honorable Cámara de Diputados dejó varias conclusiones muy interesantes.

    Ante todo, el ministro mostró un profesionalismo notable, con un gran dominio de cifras, legislación y planes de gobierno que sirvió, entre otras cosas, para contestar objeciones, y demostrar coherencia con el pensamiento y la acción. Esa capacidad técnica contrastó con una gran parte de las intervenciones —en especial del Frente para la Victoria, cuya retórica e insultos sirvieron para demostrar por qué hemos llegado a este punto inédito de una crisis energética que, de no resolverse, condiciona seriamente nuestro porvenir.

    Los argumentos más serios de la oposición pusieron énfasis en un sólo aspecto de la situación: las tarifas, sin comprender que estamos ante un problema que no tiene solución si no se lo enfoca con una perspectiva sistémica. Y cuando digo sistémica, no me refiero únicamente al campo energético propiamente dicho, sino a las múltiples dimensiones que resultan afectadas por el atraso y la matriz energética.

    Veamos qué nos dijo Aranguren:

    Nos hemos quedado sin energía: las reservas no han parado de caer y comprometen nuestro crecimiento.
    El precio absoluto y relativo de la energía es ridículo: en 15 años, los salarios aumentaron 1500% y la tarifa de la luz, 40%.
    Los subsidios han dilapidado nuestra riqueza: desde 2004 se llevaron la horrible cifra de 80 mil millones de dólares y son el componente central del déficit fiscal.
    El esquema tarifario es injusto con el interior: los porteños pagamos tarifas que son hasta siete veces más baratas que las de las provincias.
    El esquema tarifario favorece a los más ricos: todas las estadísticas son concluyentes; y además es evidente que no ha servido para mejorar el acceso de los más pobres a buenos servicios.
    La matriz energética, con su total dependencia de los hidrocarburos, ha colocado a la Argentina en el puesto 24 entre los más contaminantes del mundo.
    El modelo tarifario nos condena a gastar una parte sustancial de las divisas que generamos en importar energía y sustraerlas, por ende, de nuestras necesidades de crecimiento.
    Ninguno de los que interpelaron al ministro hicieron referencia a estas conexiones vitales para el país: todo pasa por el número de la tarifa. Las consecuencias sistémicas no importan. Tampoco interesa la relación entre presente y futuro. Todo presente.

    Aranguren demostró con contundencia que el mentado tarifazo no es tal. Que el 87% de los argentinos ha recibido facturas de gas menores a 500 pesos por mes; un aumento insuficiente para resolver los problemas sistémicos, pero con un impacto social mucho menor al que se proclama.

    Esta discusión tiene un enorme valor simbólico. Anclado en el presente, sin considerar costos y beneficios agregados, atado a la retórica fácil, que oculta las contradicciones entre discurso y resultado, el populismo ha hipotecado nuestro futuro. Salir de este círculo vicioso es una de las grandes tareas que tenemos por delante.

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