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    Saludo uno, saludo dos

    Capitanich es hoy el chaqueño con más poder político real y simbólico de la Argentina. Real porque en apenas 72 horas puso en fila a todos los colaboradores directos de la Presidenta y simbólico porque tanto desde adentro como desde afuera, se le atribuyen competencias que tal vez no posea, basándose en el interrogante de porqué fue el designado. La decisión presidencial dispara un interrogante: ¿será aceptada orgánicamente por todo el oficialismo?. La pregunta surge pues la incorporación de Capitanich, y especialmente con las competencias, atribuciones y modo de ejercer el poder que tiene, produjo una indigestión muy fuerte en quienes auto calificándose como de -paladar negro- se presentaban como los únicos y válidos intérpretes tanto del legado de Néstor Kirchner como de Cristina Fernández.

    Capitanich es hoy el chaqueño con más poder político real y simbólico de la Argentina. Real porque en apenas 72 horas puso en fila a todos los colaboradores directos de la Presidenta y simbólico porque que tanto desde adentro como desde afuera, se le atribuyen competencias que tal vez no posea, basándose en el interrogante de porqué fue el designado.

    Las respuestas a esta pregunta pueden encontrarse en lo político: “por el manejo incomparable de su territorialidad” o desde lo económico: “puede brindar tranquilizadora previsibilidad”.

    La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto a la Ley de Medios significó el final de una etapa en la que el gobierno tenía no digamos un adversario sino un enemigo político al que había que vencer. La victoria política fue tan contundente que hoy, por lo menos con las particularidades pre-fallo, ese enemigo ya no existe y está claro que desde que Néstor Kirchner se instaló definitivamente en el poder las mejores acciones de gobierno fueron aquellas que surgieron como respuestas-solución a las realidades impuestas por quienes desde el poder que detentaron las impusieron: AFJP – Derechos Humanos, concentración mediática – YPF – Aerolíneas Argentinas, desmadre de las importaciones, inclusión social, creación de puestos de trabajo, entre otras tantas.

    Diez años después la situación, con nuevas y renovadas problemáticas que enfrentar, es otra. Pero lo cierto es que en el horizonte, inmediato por lo menos, no aparece el o los enemigos a los que necesariamente hay que vencer y que constituirían los ejes en lo que se centraría la acción de gobierno.

    Una situación parecida envuelve a la genérica, desarticulada y mediatizada oposición política que tenía en la mira a la inconstitucionalidad de la Ley de Medios y a Guillermo Moreno como núcleo duro de su permanente queja. Esos puntos ya no existen y los cambios en el gabinete prometen que el gobierno se ocupará prioritariamente de la inflación, el dólar y las importaciones.


    La decisión presidencial dispara un interrogante: ¿será aceptada orgánicamente por todo el oficialismo?. La pregunta surge pues la incorporación de Capitanich, y especialmente con las competencias, atribuciones y modo de ejercer el poder que tiene, produjo una indigestión muy fuerte en quienes autodenominándose de ‘paladar negro’ se presentaban como los únicos y válidos intérpretes tanto del legado de Néstor Kirchner como de Cristina Fernández.

    Habrá que esperar para comprobar si esos autodenominados, y gran parte de quienes se consideran la ‘vanguardia K’, tienen ese atributo que la propia Cristina Fernández se atribuyó cuando después de apoyar en los años 80 la precandidatura de Menem en la interna peronista en Santa Cruz, se decidió respaldar, con Néstor a la cabeza, la de Antonio Cafiero: “saludo uno, saludo dos” dijo la Presidenta en una de las entrevistas que concedió antes de enfermarse y se alineó –orgánicamente- con la decisión de la mayoría.

    Hoy la Jefa ordenó que sea Capitanich, después de ella, quien más poder político detente en el país. El ahora jefe de gabinete nunca fue visto con absoluta simpatía en las segundas y terceras líneas de los sectores militantes más radicalizados quienes, o tendrán que tomar litros de organicicidad o bien decidirse por continuar -alejándose de la bendición presidencial- con el armado de algunas expresiones internas que defiendan la “pureza del modelo”.

    Si las medidas políticas y económicas que se adopten resultan eficientes y eficaces, tendrán un correlato dentro de la oposición –peronista- al oficialismo pues convertirán el triunfo bonaerense de Massa en una denarvaística etérea fogata, como también alineará a quienes desconfían del actual gobierno

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    A pesar de la lectura que la oposición hizo de las elecciones del 27 de octubre, la realidad indica que el FPV ganó en la sumatoria nacional y aumentó la cantidad de diputados en el Congreso, eso le permitió blindar, por lo menos hasta el 2015 cualquier intento modificatorio de la Ley de Medios por una parte (insistimos en su importancia por el tremendo valor simbólico en lo político-ideológico que tuvo el fallo de la SCJ) y la necesidad de tener que negociar obligadamente con quienes, desde una ortodoxia mercantilista, hubiesen pretendido imponer condiciones que hiciesen que el final de mandato sea un tiempo de imposible cumplimiento.

    Es notable que quienes defienden y sostienen la teoría “el mejor Estado es el que no existe” definen a Axel Kiciloff como ´marxista´ cuando, y lo saben muy bien, todas las decisiones politico-económicas de la última década se adoptaron y efectivizaron sin salirse del marco liberal-capitalista. Sucede que consideran que cualquier medida que produzca mínimamente alguna reducción de sus beneficios debe ser inmediatamente estigmatizada y desde allí se entiende la intención de relacionarlo con el marxismo o el “chavismo”.

    Una de las características de Capitanich es que por diversas circunstancias muchas veces estuvo en las transiciones críticas: fue así en el 2001, y de acuerdo con sus propias declaraciones “cuando se fue De La Rúa y con Puerta ingresé a la Casa Rosada, no estaban ni los granaderos”, después como jefe de gabinete de ministros de Eduardo Duhalde y en el 2007 en el peronismo del Chaco, cuando ninguno de sus dirigentes quería ser candidato a gobernador. En todas esas oportunidades terminó con altas consideraciones. Hoy le toca nuevamente una situación parecida y él, más que nadie, está convencido de mejorar sus resultados.

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