19-02 › La iniciativa de tres intendentes radicales (Ayala, Azula, Cipolini) de constituir una alternativa política por fuera de Convergencia Social era una posibilidad que, dentro y fuera de esa línea interna de la UCR del Chaco, se manejaba desde hace bastante tiempo. No porque alguno de los tres jefes comunales lo haya pensado sino que era casi inevitable que, a partir de las derrotas electorales por la gobernación (2007 y 2011) y al “pensamiento único” instalado por Ángel Rozas y avalado por el núcleo duro del Rozismo, comenzaran a escucharse voces de disconformidad. Las primeras fueron acalladas tanto por el mismo Rozas como por quienes hoy intentan despegarse de él: el alejamiento de Raúl Acosta y la expulsión de Juan José Bergia fueron avaladas, aplaudidas y ratificadas por todo el arco rozista del Chaco. Los “expulsadores” de ayer, conscientes de hasta poder constituirse en posibles “expulsados” de hoy alegarán que “ellos no sacarán los pies del plato” y que será desde adentro desde donde intentarán transformarse en la mayoría del partido. Puede ser cierto, como también lo es que más allá de la oportunidad elegida por Bergia, Acosta (habría que sumar al “Peto” Rodríguez tal vez) y los hoy díscolos, los reclamos y los reproches se parecen mucho: cuestionamientos al personalismo de Rozas, personalismo que es bueno recordar era presentado como una de las grande virtudes y como “pleno ejercicio del poder” por parte de quien hoy “ya está en el bronce” (al decir de Szymula) que suena muy, pero muy parecido a “está en el horno”.
Un interrogante: ¿querrán los tres intendentes, y quienes de aquí en más se sumen a la tarea “renovadora” del Partido, olvidar las “condiciones de aprendizaje político” que los llevó al lugar que hoy ocupan?
Para mejorar la pregunta podría cambiarse el “querrán" por el: ¿“podrán”?. No nos olvidemos que los tres se instruyeron y educaron políticamente al amparo de los presupuestos que con mano dura imponía Rozas pero que también sumisamente aceptaban.
Es decir que con semejante marco teórico resulta por lo menos dudoso que hayan podido al mismo tiempo aprender otra manera de conducción (y de acceso al poder).
Se equivoca Rozas si espera agradecimientos por el trabajo realizado, a pesar que ese trabajo llevó al radicalismo chaqueño de la peor derrota electoral, en el 91, a tres períodos consecutivos en la gobernación. Tal vez su presente sea producto de haber creído que la transformación de Partido a Movimiento que consiguió hacer en la UCR en 1995, sería definitiva.
El movimiento sólo existe como tal si tiene un líder y ese líder, mientras dure, es el jefe indiscutido. Este es el punto: “indiscutido” porque si lo retrucan, le contestan, se le “retoban” y no tiene poder para silenciar a los “rebeldes” su jefatura ya no es la de un movimiento, sino la de un Partido. Y hoy el radicalismo, o por lo menos una parte importante, se comporta como tal: “no necesitamos liderazgos. Necesitamos internas”.
Trampas de las palabras: El Movimiento generado por Rozas volvió a ser un Partido… en movimiento. Y no es lo mismo.