04-07 › Hace unas semanas, en unos de esos días calurosos que nos regaló nuestro clima, entré al Café de la ciudad. Sólo había dos personas: un hombre con cara de psiquiatra y Sandro, el entrañable y querido personaje de nuestra ciudad que recorre todos los bares, saluda, pide un cigarrillo y, ensimismado, habla con personas reales o imaginarias.
Esa mañana hacía lo mismo: “charlaba” con alguien que estaba, por lo que decía, en la Peña Martín Fierro en una noche de actuación en la que Juan Carlos, como alguna vez me dijo se llama, actuó durante muchos años. “Está fuera de tiempo y espacio” dijo sin mirarme el hombre con cara de psiquiatra y agregó “es una forma leve de trastorno mental”.
Mientras Sandro recibía los aplausos de su público virtual, comencé a hojear Norte de ese día, miré la revista primero y después me detuve en un título llamativo: “los pollerudos”. –quienes serán , me pregunté y vi que lo firmaba Juan Carlos (no nuestro querido Sandro que continuaba cantando) sino Tuyaré habitual columnista del diario.
-Título original pensé y comencé a leerlo. Original porque su autor encontró uno de los pocos adjetivos calificativos que la oposición todavía no utilizó: “Pollerudos”
Para hacerlo el exegeta recurrió al diccionario donde, como se sabe, se encuentran los significados de las palabras. Intentemos pensar:
Si decimos “librito” y vamos al diccionario podremos leer: “libro chiquito” (significado), pero a ese significado se le puede atribuir un sentido: si decimos “el librito” de mi hijo, le asignamos uno cariñoso, afectivo, si en cambio decimos: “lo lei en el librito ese que escribiste”, somos despectivos. ¿se entiende?
Lo mismo sucede con “pollerudos”: en el diccionario encontraremos los significados a los que remite Tuyaré y en su artículo el desprecio a quienes obedecen a la presidenta Cristina Fernández.
Es decir que nos remite a un problema de género.
Para el diccionario “Pollerudos” son los hombres que obedecen a una mujer.
Para Tuyaré, cuando inserta las interpretaciones personales en un texto “pollerudos” son los que no hacen uso de su condición de “sexo fuerte” y se dejan manejar por el “débil”. “mariconazos” diría Cacho.
De acuerdo con Tuyaré los hombres que se precien de tal no deben obedecer la directivas de una mujer so pena de ser tildados o calificados de pollerudos o lo que es lo mismo de debiluchos, sin carácter o cualquier otra adjetivación.
Por extensión se puede afirmar que si “pollerudos” son los que acatan y obedecen la autoridad de Cristina Fernández, también lo son quien hacen lo mismo con las órdenes de Aída Ayala, Alicia Azula y Claudia Panzardi en el Chaco, o las de Dilma Rouseff en el Brasil hoy o de Michele Bachelet en Chile, ayer. Es obvio decir que todas ellas ejercen o ejercieron el poder delegado por el pueblo a través de elecciones legales y legítimas.
Es interesante recordar que en la antigüedad (tiempo) a las mujeres al igual que a los esclavos no se les atribuía ningún derecho.
Y esa característica se daba en determinada sociedad (espacio) como la griega, la romana y hoy, en la talibán.
Podemos deducir entonces que la aseveración de nuestro analizado está fuera de tiempo y espacio. También se puede colegir que una indicación o directiva de la presidenta no la efectúa una determinada persona sino el titular del Poder Ejecutivo Nacional en este caso ejercido por una mujer.
Asimismo, y de esto Tuyaré sabe mucho, mucho más que el suscripto, que la obediencia es un precepto bíblico.
No la obediencia debida ni tampoco el acatamiento y/o ejecución de acciones contrarias a la ley sino aquella sujeta tanto a la jerarquía como a la autoridad.
Cuando terminé de hacer estas elucubraciones me di cuenta que el hombre con cara de psiquiatra se había ido, miré por la ventana y ví a Sandro quien, después de pedir un cigarrillo a una hermosa rubia (en realidad un hombre con bigotes) ahora cantaba en el Todaro. “Pobre Juan Carlos”, pensé” está fuera de tiempo y espacio”.