En las elecciones que lo llevaron a la presidencia, Mauricio consiguió armar un frente electoral que le permitió ganarlas y que hoy le genera un doble dilema.
En las elecciones que lo llevaron a la presidencia, Mauricio consiguió armar un frente electoral que le permitió ganarlas y que hoy le genera un doble dilema.
Esa coalición tuvo un dimensión formal con la firma de acuerdos con la UCR y la Coalición Cívica para la conformación de Cambiemos y otra, a priori más sutil e indetectable, pero que se manifestó en las urnas, integrada por quienes por diferentes circunstancias necesitaban y clamaban por un cambio.
Es posible que los integrantes de este último sector tuviesen convicciones ideológicas más pragmáticas que programáticas y que, en su mayoría, fuesen los mismos que posibilitaron el 54% con el que CFK logró la reelección.
El doble clima de opinión negativa que hoy desvela al oficialismo en general y a Macri en particular está dado por quienes constituyen el sector de conservadores natos que lo votó con la esperanza de ver concretado, a través de un shock, el destierro, In secula seculorum, de las prácticas políticas y económicas del populismo, el estatismo, o como quiera llamárselo.
Sus representantes más visibles son los del Círculo Rojo, quienes tienen como vocero a José Luis Espert.
Los ideólogos más acérrimos de la Economía de Mercado, la libre competencia, del Estado mínimo, no controlador o casi inexistente, están enojados, o muy decepcionados, pues en este primer año de mandato, comprobaron que Macri no estuvo dispuesto a aplicar "el golpe necesario e imprescindible para liberar al país de los males que, desde 1930, lo llevaron a la presente situación de país inviable".
El otro polo de disconformidad interna está representado por los "votantes pragmáticos" quienes ven que los principales objetivos que perseguían: una mejora económica sustancial, reducción a cero de reales o hipotéticos casos de corrupción, respeto incondicional por la preservación de las instituciones, no están siendo conseguidos o consideran que hay poca o nula intención de obtenerlos.
Para dar batalla en las elecciones que quedan hasta el 2019, el gobierno cuenta con los soldados propios que rodean al presidente desde sus comienzos políticos, muchos de la UCR y seguramente la totalidad de la Coalición Cívica quienes saben, y son conscientes de ello, que por fuera de la estructura de gobierno, el paraguas que le brinda la figura presidencial y la ocupación de cargos, aunque sean menores, no tienen muchas posibilidades de ganar elecciones.
Para el primer grupo de opinión el gobierno es muy blando en todo sentido, y para el segundo, es extremadamente duro al hacerles pagar tanto o más que a los verdaderos responsables de la debacle, a través de una alta inflación, aumento constante de precios, pérdida del poder adquisitvo de los salarios, brusca caída de la actividad económica e incierta probabilidad de recuperación en el corto plazo.
La respuesta del Ejecutivo para esos quejosos, es el anuncio del incipiente crecimiento de algunos indicadores macroeconómicos que, como muchos saben, tardan demasiado en ser visibles, percibidos y apreciados en el día a día, en el almacén, la feria, la carnicería, en el súper o en la caja de los hipermercados.
"Uno de los problemas es que siempre se pensó en el corto plazo, en el ahora, en el ya, sin que a ningún gobierno se le ocurriera proyectar a largo plazo, para el futuro, para nuestros nietos" se escucha decir en corrillos oficialistas, convencidos que únicamente con la aplicación de las medidas económicas adoptadas por el gobierno "se sentarán las bases de una economía sustentable".
Uno de los inconvenientes que tiene Cambiemos es que el largoplacismo deseable, choca con la inmediatez de octubre.