El presente documento no se encuentra motivado por ningún hecho en particular, no es fruto de sucesos recientes ni tiene como disparador ningún acontecimiento concreto, es simplemente una exposición de pareceres sobre la realidad que hoy y desde hace un tiempo nos toca vivir a todos los ciudadanos, sin distinción de ideologías, credos, ni estratos sociales, puesto que ni la economía ni la política distinguen entre estas, y menos aún, cuando se trata de las necesidades que pueda tener cada persona. Ciertamente, en el último tiempo hemos sido testigos de profundos cambios, tanto de tipo político como de tipo económico, con sensibles modificaciones en cuanto al régimen cambiario y una lucha sin tregua contra el problema inflacionario, caso este último sobre el cual podrán ser discutibles los métodos para enfrentarlo (tal como diariamente una caterva de economistas lo hacen por tv), pero no caben dudas de su gravedad y la necesidad de ponerle un freno, al menos, en el mediano plazo.
Y es sobre las coincidencias, y no sobre las diferencias, que creemos como fuerza política, debemos construir consenso, pero entendiéndolo no como un simple concepto vacío de contenido, sino como lo que verdaderamente es, toda acción o actitud que tenga por finalidad el acercamiento de posiciones sobre un tema puntual, sobre algún problema, tendiendo a lograr la mayor cantidad de adhesiones sobre la manera de encarar un conflicto determinado, o al menos, con la menor disidencia posible. Consideramos que es en la búsqueda de su obtención, donde debería hallarse la razón misma de toda vocación democrática, la generación de acuerdos mínimos que nos permitan convivir en sociedad.
No ha existido Democracia perfecta, pero ello no hace más que confirmar el hecho de que es precisamente en la permanente búsqueda de su perfeccionamiento donde se encuentra su fundamento, la posibilidad de que cada ciudadano desde su lugar aporte lo mejor de si para mejorarnos como sociedad, sea político, empresario, obrero, estudiante, jubilado, necesitamos imperiosamente que como sociedad cada uno de nosotros se comprometa en beneficio del conjunto.
Debemos aceptar que no resultan fácilmente refutables ciertas críticas que el ciudadano común pueda hacer actualmente al modelo, pero menos refutable resulta aún el hecho de que desde que en 2001 cuando nuestro País colapsara, no hemos tenido más que crecimiento en el horizonte, con muchos compatriotas que pudieron acceder a un empleo, a un salario digno, al primer vehículo, a estudiar y hacer estudiar a nuestros hijos, a una jubilación digna, entre otras cuestiones que hacen al quehacer cotidiano y a la dignidad humana, lo que demandó trabajo y sacrificio por parte de cada uno de nosotros, pero fue un proyecto de País determinado el que pudo, con el apoyo de todos, generar las condiciones esenciales para que cada uno pueda sacar lo mejor de si para prosperar y realizarse en el plano personal.
Esa breve reseña no es caprichosa, ni pretende caer en lugares comunes, ni incurrir en expresiones remanidas, pues cada uno debería ser conciente de lo que se hizo, tener memoria; no obstante, constituye una simple referencia para que podamos comprender el momento actual dentro de un contexto más abarcativo, en el que entendamos y valoremos las cosas positivas que hemos vivido, sin negar que se atraviesa un momento complejo, pero comprendiendo que toda economía es cíclica y no siempre ostenta riendas firmes, sino que, como en cualquier estado moderno, pueden experimentarse problemas…problemas que podremos superar si cada uno pone lo mejor de si, con espíritu colaboracionista y sobrellevando con entereza, conciencia nacional y cooperación las responsabilidades propias que a cada uno nos compete.
Un gran político argentino nos hablaba hace muchos años, de erradicar aquél “espíritu maldito del individualismo carente de sentido social y político”, y otro gran político argentino, más cercano en el tiempo, supo enseñarnos que “el pluralismo es la base sobre la que se erige la democracia y significa reconocimiento del otro, capacidad para aceptar las diversidades y discrepancias como condición para la existencia de una sociedad libre”.
Por ello, y haciendo valer las citas precedentes, es que creemos humildemente desde nuestro espacio, que resulta de una imperiosa necesidad, la contribución de cada uno, dejando de lado exigencias que resulten excesivas a la luz del momento que se vive, teniendo siempre presente las conquistas que en los últimos años pudieron lograrse, pero manteniendo una vocación de diálogo permanente sin perder de vista que éste tenga realmente por objeto temas que resulten debatibles, y no se base exclusivamente en pretensiones egoístas y de tinte abyecto, ni mucho menos en ciertas intencionalidades políticas que puedan coquetear con la desestabilización.